El caminante mira la punta de sus pies
una huella y otra va dejando ensimismado
y sigue con largos pasos marcando su destino
que termina en la orilla de un gran precipicio
las marcas no tienen retorno, solo son de ida.
Se abre un gran paracaídas
y cae suavemente sobre un prado con flores
ya llegan a esperarlo con lo brazos abiertos
las miles de esperanzas que esperaban el cambio.

